Paraguay amaneciendo. En un jardín rodeado de bellas plantas, una maestra se apresura para llegar a su trabajo no sin antes inhalar el aroma a tierra mojada y al refrescante tereré…
Con esta evocadora imagen, continuamos inaugurando nuestro ciclo de entrevistas y testimonios aprendiendo de las “voces docentes del presente”.
No hay mejor manera de comenzar este que con una docente maravillosa: Rossana Carolina Franco Quiñonez. Conversar con Rossana es alegría y sabiduría con sabor a bondad; siempre se aprende algo nuevo de su mirada. Rossana es un auténtico torbellino educativo con 20 años de desarrollo profesional a sus espaldas, que desprende aroma a tierra mojada, a plantas frondosas y a esa mezcla necesaria entre la tradición y la modernidad educativa.
La profesora Rossana Carolina Franco Quiñonez,
Una trayectoria de entrega y diversidad
Para Rossana, la docencia es un sentimiento que nació en las aulas de su infancia, al observar cómo sus maestras construían el aprendizaje junto a sus alumnos. Desde 2004, su camino ha sido un ejemplo de polivalencia y compromiso social en Paraguay. Comenzó en el sector privado como profesora de lengua y literatura castellana y guaraní, para después incorporarse al sistema nacional.
Su trayectoria impresiona por su diversidad: ha trabajado en centros de educación técnico-superior, en universidades y en centros para jóvenes y adultos. Pero quizás uno de los puntos que más definen su calidad humana fue su año como maestra en un hogar para niños abandonados con VIH. En 2019, Rossana alcanzó un nivel de exigencia profesional extremo al completar 260 horas mensuales («horas catedral») en colegios nacionales. “Es netamente vocacional; disfruto compartiendo y creando vivencias en niños, jóvenes y adultos”, explica.
La realidad de la salud del bienestar docente
Bajo la premisa de que la salud y la seguridad son el cimiento indispensable del bienestar, Rossana describe un panorama en Paraguay donde la inversión educativa —apenas un 3% del PIB— es insuficiente para proteger la integridad del profesorado.
- El «Fantasma» de la salud mental: “Desde mi entorno no se habla de salud mental; es como un fantasma transitando entre todos. Hablar de ello es un escándalo, existe la idea de que debemos resistir, seguir adelante, ser fuertes. Si caes, eres débil y se proyecta la idea de que no sirves para el rol”.
- El cuerpo que grita: Rossana pone palabras a las consecuencias físicas que el sistema prefiere ignorar. “Los que están quemados (burnout) procuran aguantar hasta lo último y, lastimosamente, hay compañeros con derrame facial, ictus, infarto e incluso suicidio a consecuencia de la sobreexigencia”.
- La soledad del autodidacta del bienestar docente: Ante la falta de programas públicos, Rossana tuvo que aprender a identificar sus propios riesgos tras años de arrastrar problemas que no sabía nombrar. “En mi formación docente no tuve ninguna asignatura sobre el tema. Me he formado como trabajadora social en manejo y cuidado de la salud mental; solo así pude decir ‘basta’ y costearme mis propias terapias”.
Entre el compromiso técnico y el desamparo institucional
Rossana no solo habita el aula; su perfil de Trabajadora Social la integra en los Equipos de Gestión donde diseña programas de prevención. Sin embargo, su relato evidencia la falta de recursos reales para ejecutar esas políticas:
“Llevaba adelante los talleres de prevención con padres y alumnos en mis horas de clase, porque no tenía un rubro específico para ello. Al no haber equipos técnicos (psicólogos, orientadores) en las instituciones, las leyes quedan en letra muerta. El docente tiene una sobrecarga de trabajo porque debe atender todo esto en la sala de clase, y eso acrecienta el estrés. La gestión acaba siendo netamente voluntaria y yo me pregunto: ¿quién me ayuda a mí, quién sostiene al docente cuando lo necesita?”.
Un sistema condicionado
Para Rossana, la vulnerabilidad de la salud docente no es accidental, sino el resultado de una estructura política y social dañada por la corrupción y el manejo deficiente del bien público. Denuncia un sistema de «favoritismo» que impide que el ciudadano sea consciente de sus derechos y que favorece que la estructura educativa violente al docente.
A pesar de la dureza del escenario, Rossana mantiene su apuesta por el futuro: “Queda fortalecer el pensamiento y la acción crítica de los docentes desde su formación para ir construyendo ciudadanos con conciencia crítica que puedan cambiar el destino de nuestro país. Es una lucha larga, pero se puede lograr”.
Escuchar a Rossana es comprender que la docencia, cuando se ejerce con esta intensidad y vocación, requiere una infraestructura de salud para el bienestar docente que hoy sigue siendo invisible. Rossana gracias por tu cariño siempre, por tus horas de dedicación al estudio para compartir como maestra y gracias por ser tan preciosa como el cielo azul de Paraguay.
Al releer sus palabras, la pregunta vuelve a quedar en el aire: ¿En qué momento aceptamos que la vocación fuera el cheque en blanco de nuestro bienestar docente?
Trabajo Docente-Decente: la respuesta a tu Bienestar Docente

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