Hay frases opuestas al bienestar docente que deberían quedarse a vivir fuera de la sala de docentes. Y esta semana me he encontrado una que venía vestida de ponencia, con su atril, su tono inspirador y ese brillo de “esto te va a cambiar la vida, pero primero cómprame la idea”.

La frase, resumida, venía a decir:

xx Si estás mal, docente, revisa tu actitud.

Pero no lo decía así, claro. Eso sería demasiado evidente. Venía con envoltorio de congreso:

  • la actitud es fundamental;
  • la energía que generas en el aula cambia vidas;
  • lo que haces transforma a las personas;
  • y el burnout es “eso de lo que tanto se habla”.

Vamos, un menú degustación de postureo pedagógico con reducción de culpa individual.

A primera vista, suena bien. Porque claro que la actitud importa. Claro que lo que pasa en el aula tiene una dimensión emocional. Claro que un docente puede dejar huella.

Pero una cosa es decir que la actitud influye y otra muy distinta decir que si te quemas es porque no sabes sonreírle al incendio.

Así que vamos a sentar la actitud positiva en el banquillo.

El error de diagnóstico: no todo lo explica tu actitud

El primer error de bulto es confundir una pieza del puzle con el puzle entero.

La actitud importa, sí. Igual que importa llevar paraguas si llueve. Pero si el tejado del centro tiene un agujero del tamaño de una tutoría sin cubrir, el problema no es que tú no sepas bailar bajo la tormenta.

En teoría, la actitud aparece como una especie de mando universal:

  • regula el aula;
  • mejora el clima;
  • evita el desgaste;
  • transforma vidas;
  • y, si aprietas bien el botón, casi te imprime las programaciones.

En la realidad, el mando no tiene pilas.

Porque hay carga, burocracia, conflictos, grupos complejos, falta de apoyo, interrupciones, disponibilidad permanente, presión emocional y esa sensación tan docente de “no llego, pero además sonríe”.

Dicho de forma clara: la actitud puede ayudar. Pero no convierte unas condiciones de trabajo dañinas en bienestar docente. No es magia. No es neurociencia aplicada. Es sentido común con birrete.

El engaño de la energía infinita: ¿de verdad todo depende de cómo llegas al aula?

El mito dice: si generas buena energía, el aula responde. Si te desgastas, revisa tu actitud. Si aparece el burnout, cuidado, igual no estás colocándote bien ante la situación.

Pero un docente no es una central eléctrica con tarifa plana emocional.

No puede sostener a la vez el aprendizaje, la convivencia, la inclusión, los conflictos, las familias, la burocracia, el correo, el aula virtual, el claustro, la reunión, la tutoría, la excursión, la inspección y además emitir luz cálida tipo lámpara nórdica.

El truco del discurso es precioso, en el peor sentido de la palabra: parece que te empodera, pero te deja con la mochila llena.

Si el aula va bien, ha sido tu energía.
Si el aula va mal, revisa tu actitud.
Si estás cansada, regúlate.
Si te quemas, algo estarás haciendo mal.

Y así, sin levantar mucho polvo, el discurso convierte un problema de bienestar docente desde su corazón la salud y seguridad docente en una especie de defecto de fábrica emocional.

De la vocación al “búscate la regulación emocional”

La escuela conoce bien esta película. Solo han cambiado los subtítulos.

Antes era la vocación.
Después fue la resiliencia.
Ahora es la actitud positiva con PowerPoint.

Antes, si no podías con todo, parecía que te faltaba amor por la profesión.
Ahora, si no puedes con todo, parece que te falta gestión emocional.

Antes te decían: “esto va en la vocación”.
Ahora te dicen: “todo depende de cómo te colocas ante la situación”.

El mensaje cambia de peinado, pero no de intención: llevar al plano individual lo que debe mirarse desde las condiciones de trabajo, los límites, la organización y la salud y seguridad docente.

Y ojo: no estamos diciendo que la emoción no importe. Importa. Mucho.

Lo que estamos diciendo es que la emoción no puede usarse como cortina de humo para no mirar el sistema que la está agotando.

La verdad incómoda: el burnout no es “eso de lo que tanto se habla”

Aquí llegamos al momento en que el mito se quita la chaqueta y se le ve el truco.

Cuando alguien habla del burnout como “eso de lo que tanto se habla”, no solo está simplificando. Está haciendo algo peor: está bajando el volumen a un daño real.

Como si el burnout fuera una moda.
Como si se nombrara demasiado.
Como si el problema fuese hablar de él y no vivirlo.

Pero no.

Cuando una docente vive con agotamiento sostenido, hipervigilancia, insomnio, culpa, tensión o sensación de desborde, no estamos ante una persona que necesita comprarse una taza de “actitud positiva”.

Estamos ante una señal que debe leerse desde el epicentro del bienestar docente, la salud y seguridad docente.

Por eso vuelve aquí la pregunta que lanzó Rossanna en Voces de Pizarra y Vida:

¿Quién sostiene al docente?

Porque al profesorado se le pide sostenerlo casi todo: inclusión, aprendizaje, convivencia, calma, familias, cambios, urgencias y vidas que supuestamente deben transformarse con su energía.

Muy bien.

Pero entonces hagamos la pregunta completa:

¿Quién sostiene a quien sostiene todo eso?

Veredicto: culpables el mito, el ponente… y un tercer culpable

En este juicio no se va de rositas nadie.

Sale culpable el mito

Porque convierte el malestar docente en un fallo personal: te falta actitud, te falta energía, te falta regulación, te falta colocarte bien.

Sale culpable el ponente

Porque lo difunde desde un atril con cara de revelación profunda, pero sin mirar lo que de verdad sostiene el bienestar docente: la salud y seguridad docente.

Y salen culpables ambos

Porque consiguen algo peligrosísimo: que una docente agotada deje de preguntarse sobre su bienestar docente:

¿qué condiciones me están dañando?

y empiece a preguntarse:

¿qué estoy haciendo mal yo?

Ese giro es el problema.

Ahí está la trampa.

Pero hay un tercer culpable.

Lo que no te han contado… to-da-vía…

Rossanna lo dijo bien claro en Voces de Pizarra y Vida:

¿Quién sostiene al docente?

Si hacemos un pequeño análisis sintáctico del bienestar docente, la palabra importante hoy no es “docente”.

Es:

quién

Porque si el bienestar docente comienza con la salud y seguridad docente, entonces la gran pregunta no es solo cómo aguanta el profesorado.

La gran pregunta es:

¿quién o quienes tendrían que sostenerlo y no lo está haciendo?

Hoy no vamos a revelar su identidad…

Sin spoiler.

¿Quién?

Próximamente en bienestardocente.org


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