La trampa de la “mala suerte” en las excursiones

En el post anterior vimos que irse de excursión no es un «paréntesis» en el trabajo; es trabajo docente intensivo fuera del aula. Pero cuando algo sale mal, solemos refugiarnos en la «mala suerte». Sin embargo, hay una frase jurídica que cae como un cubo de agua fría: “el riesgo era previsible”.

¿Suena a que deberías tener una bola de cristal? Vamos a ver por qué no tiene nada que ver con la magia y sí mucho con la estructura.

¿Volarías con un piloto que confía en su «intuición»?

Imagina que subes a un avión y el piloto dice: «No he revisado los motores ni el combustible, pero tengo buenas vibraciones hoy». Te bajarías corriendo, ¿verdad?

Nadie llama “burocracia” a la lista de control de un avión. Nadie dice que revisar los flaps es un “trámite pesado”. Es, simplemente, lo que hace que el avión no se caiga. En la escuela, a veces llamamos “rollo” a lo único que nos permite enseñar sin jugarnos el tipo.

Traduzcamos qué significa realmente “previsible” en el idioma de la realidad escolar:

  • No es ser vidente: No significa saber que a las 11:42 Pepito se iba a tropezar con esa piedra exacta.
  • No es tener superpoderes: No se trata de anticipar el caos.
  • Es, sencillamente, sumar 1+1: Significa que si tienes los ingredientes del riesgo sobre la mesa, el resultado es una probabilidad matemática, no un accidente del destino.

Los ingredientes del riesgo en el bienestar docente (no hace falta ser adivino)

Para saber si algo es previsible, solo hay que mirar la receta. Si sumas estos factores, el riesgo está ahí, a la vista de todos:

  • El entorno: Un espacio abierto o con agua.
  • El grupo: Alumnado numeroso o con necesidades específicas.
  • La logística: Desplazamientos, carreteras o aglomeraciones.
  • El factor humano: Una ratio excesiva, cansancio acumulado o vigilancia fragmentada.

Dicho de forma clara: Si los ingredientes están en la cazuela, que el guiso se queme no es «mala suerte». Es que el fuego estaba encendido y nadie lo estaba mirando. Previsible no es el daño final, previsible eran las condiciones para que ese daño ocurriera.

Tu bienestar docente no puede sostenerse solo con «buena voluntad»

Aquí es donde entra tu bienestar. Una excursión es preciosa, pero el paisaje no elimina la responsabilidad. Cuando una actividad no tiene un mapa claro, ocurre algo invisible pero agotador: tu carga mental se dispara.

  • Sostienes con tensión lo que debería sostenerse con estructura.
  • Sustituyes con intuición lo que debería ser un protocolo.
  • Vives en una hipervigilancia constante que te deja exhausto.

Trabajar sin un mapa de riesgos no te hace «mejor profesional por echarle ganas»; te hace estar más expuesta y menos protegida. El bienestar docente empieza cuando dejas de cargar con la incertidumbre del «ojalá no pase nada» y empiezas a trabajar con la seguridad del «sé qué pasos dar si pasa algo».

Si te llevas una idea para tu bienestar docente, que sea esta:

Previsible no era el daño: previsible era el riesgo.

Ese «mapa» para no caminar a ciegas tiene un nombre técnico: Evaluación de Riesgos. Si nunca te lo han enseñado, no es que no seas capaz de entenderlo, es que nos han acostumbrado a guardarlo en un cajón como si fuera un papel aburrido, cuando en realidad es tu mejor chaleco antibalas.


Descubre más desde Tu blog del bienestar docente

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.