Hay voces que se ganan el derecho a ser escuchadas por el simple paso del tiempo. Mi invitado de esta semana en Voces de Pizarra es un profesor de secundaria con 20 años de experiencia sobre bienestar docente y 55 años de vida. Una charla marcada por la honestidad de quien ya no busca medallas, sino compartir la realidad de su día a día.

Para esta entrevista, el profesor ha solicitado el anonimato, y su razón es una declaración de intenciones en sí misma: “No dejas de ser alguien que trabaja para alguien y eso siempre te resta libertad”.

El espejo de Finlandia

Cuando hablamos sobre las debilidades y fortalezas del sistema educativo español, su mirada se aleja de los despachos y se centra en las personas:

“Nos suelen hablar de cosas maravillosas de Finlandia, pero me gustó una vez que oí que nuestro problema es que tenemos pocos finlandeses.”

Para él, más allá de lo que dictan los datos internacionales como el Informe PISA de la OCDE, lo que sostiene un centro y su bienestar docente es el factor humano: “Normalmente lo que cuenta es el personal humano con el que te encuentres. Mi experiencia es que el profesorado suele estar constituido por gente con ganas”.

La ficción del «Alumno Neutro»

Uno de los puntos más críticos de su relato surge al hablar de la equidad y la atención a la diversidad. Según su experiencia, el diseño del sistema no siempre encaja con la realidad de las aulas:

“El sistema está pensado para un niño tipo ‘neutro’ con familia que le apoya, pero para el que tiene una situación un poco más complicada es difícil darle la atención personalizada que necesitaría.

La gestión del día a día

¿Cómo se gestionan veinte años de retos diarios? Su respuesta es directa y evita fórmulas mágicas:

  • El equipo como solución: “Lo que pueda ir surgiendo lo resolvemos en equipo. Así de simple y así de difícil”.
  • La percepción de la salud: Para él, la salud en el trabajo docente decente se resume en algo tan básico como esencial: “Trabajar en un entorno que no te ponga malo”.
  • La formación ausente: Reconoce que, tanto en sus años de carrera como en su ejercicio profesional, la formación específica sobre cómo cuidarse o gestionar el funcionamiento y el entorno del aula ha sido inexistente.

Un balance de prestigio y vocación

A pesar de las dificultades y de reconocer que en el trato con las familias surgen momentos «desagradables» de forma periódica, su conclusión es de un optimismo basado en el compromiso:

“Si te gusta y te sientes llamado, es una profesión preciosa. Influir en tantos y tantos chavales que van pasando por tus manos lo considero un regalo y un honor.

Para él, el camino hacia una educación mejor pasa por una sola vía: recuperar el prestigio social de la profesión para transformar la relación con las familias y los alumnos.

Cerrar esta charla ha sido, como él mismo dice sobre su profesión, un verdadero regalo y un honor. Escuchar a un docente que, tras 20 años de tiza, mantiene esa lucidez, esa humildad y, sobre todo, ese respeto profundo por la realidad de su alumnado, me confirma que el Bienestar Docente no se legisla en los despachos, sino que se construye cada mañana en la sala de profesores y en el vínculo directo dentro del aula.

Gracias, de corazón, por permitirnos asomarnos a tu pizarra con tanta honestidad.

Trabajo Docente-Decente: la respuesta a tu Bienestar Docente


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